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Una barca amarilla y un silencio institucional: la vigilancia que Cubelles no ejerce
Tipus: DENÚNCIA
Data: 12 de novembre de 2025
Escrit originalment per: Pablo
Grup: SEGURETAT
Introducció
Durante más de siete semanas del verano de 2025, una pequeña embarcación de color amarillo chillón permaneció varada sobre un remolque en plena playa de la Mota, a escasos metros del paseo marítimo de Cubelles.
Sin matrícula, sin identificación ni autorización aparente, y expuesta a la vista de cualquiera que pasara por allí, la barca amarilla se convirtió sin proponérselo en la metáfora perfecta de una administración que mira hacia otro lado
Informació
Las imágenes tomadas entre el 17 de julio y el 27 de agosto de 2025 muestran la misma escena una y otra vez: el sol, la arena y esa barca inmóvil. Ningún agente municipal reparó en ella, ningún servicio de inspección actuó de oficio, ningún informe se levantó.
Tuvo que ser un vecino, cansado de ver la dejadez, quien presentara una solicitud formal ante el Ayuntamiento el 27 de agosto de 2025.
Y, como por arte de magia, días después la barca desapareció.
No hubo comunicado, ni parte de retirada, ni constancia administrativa alguna. Solo el remolque quedó allí, como si el municipio quisiera dejar constancia involuntaria de su propia omisión.
Semanas más tarde, la respuesta oficial del Ayuntamiento llegó envuelta en una contradicción difícil de digerir.
La Policía Local aseguró que “no se pudo comprobar la existencia de la embarcación” y que, por tanto, no existen partes de servicio ni anotaciones.
Pero las pruebas fotográficas —fechadas y geolocalizadas— desmienten esa versión: la barca existía, era visible y permaneció en el mismo punto durante casi dos meses.
Esta ausencia de registros y de trazabilidad administrativa no es un detalle técnico, sino una anomalía institucional grave, contraria a lo que establecen los artículos 70 y 71 de la Ley 39/2015 sobre documentación de actuaciones públicas.
Falta de control estructural
Este episodio no puede verse como un hecho aislado.
Desde hace años, organizaciones como GEPEC (Grup d’Estudi i Protecció dels Ecosistemes Catalans) vienen denunciando la falta crónica de control ambiental y territorial en el litoral de Cubelles y en la desembocadura del río Foix, alertando de una gestión municipal caracterizada por la inacción, la descoordinación y la opacidad.
La barca amarilla no es solo una anécdota: es la prueba visual de esa cultura del “no pasa nada” que termina normalizando la ocupación irregular del espacio público, el incumplimiento de las ordenanzas y la vulneración de las normas más básicas de protección del litoral.
Una plantilla insuficiente y una política de control inexistente
El Ayuntamiento no puede seguir eludiendo la raíz del problema.
La plantilla actual de la Policía Local es manifiestamente insuficiente para cubrir un municipio costero con varios kilómetros de litoral, zonas naturales, urbanizaciones dispersas y un volumen creciente de población y turismo.
La falta de medios materiales y humanos impide realizar patrullajes sistemáticos, controles ambientales, controles de establecimientos, etc o rondas preventivas en el frente marítimo.
Sin una inversión real en personal, en equipamiento y en planes de formación continuada, Cubelles seguirá siendo un coladero, no solo para ocupaciones ilegales, vertidos, palizas gratuitas, vandalismo e incivismo, todos ellos de la mano, sino también para actividades mucho más graves, como la entrada y descarga de narcolanchas, fenómeno que ya se ha detectado en varios puntos del litoral del Garraf.
Lo que hoy parece una simple omisión administrativa puede mañana transformarse en un problema de seguridad pública de primer orden ,que añadir a la lista de los que ya tiene Cubelles.
La seguridad, la transparencia y la protección del territorio no pueden depender del azar ni de la voluntad de un vecino que decide documentar lo que la Administración no ve —o no quiere ver.
Conclusions
La barca amarilla ya no está.
Pero su recuerdo flota como una evidencia incómoda de un municipio que no vigila, que no documenta y que actúa solo cuando se le señala la omisión.
Cubelles necesita menos silencio y más presencia: más agentes, más medios, más control.
Porque la desidia, cuando se institucionaliza, deja de ser un descuido: se convierte en una forma de gobierno.